Vivimos inmersos en la constante necesidad de producir y avanzar. Sin embargo, es en los momentos de aparente inactividad donde la mente verdaderamente procesa y sana las cicatrices invisibles del día a día.
Escribir no es más que intentar cartografiar los recuerdos antes de que el tiempo los difumine. Una exploración de cómo las palabras anclan nuestras vivencias más frágiles.